Portada del artículo: Prácticas restaurativas en el aula: reparar el daño en vez de castigar
Gestión de Conflictos3 de noviembre de 2026·6 min de lectura

Prácticas restaurativas en el aula: reparar el daño en vez de castigar

Reparar en vez de castigar: las cinco preguntas restaurativas, tres niveles de práctica y los errores que hay que evitar.

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Un alumno rompe el trabajo de otro. La respuesta habitual es un parte, una sanción y, con suerte, una disculpa forzada. Tres días después, los dos siguen sin mirarse y el que rompió el trabajo ha aprendido sobre todo a no dejarse pillar. Las prácticas restaurativas parten de otra pregunta: no "¿qué norma se ha roto y qué castigo toca?", sino "¿qué daño se ha hecho, a quién, y qué hace falta para repararlo?". No sustituyen las normas ni las consecuencias; cambian el orden en que se piensan.

De dónde vienen y qué no son

El enfoque restaurativo nace en el ámbito de la justicia y lleva más de dos décadas aplicándose en escuelas de todo el mundo. En España cada vez más planes de convivencia lo incorporan, a menudo junto a la mediación entre iguales. Conviene aclarar tres malentendidos frecuentes:

  • No es "no pasa nada". Reparar suele costar más esfuerzo que cumplir un castigo. Un alumno que tiene que mirar a la cara a quien ha dañado y buscar cómo arreglarlo hace algo más difícil que quedarse sin recreo.
  • No elimina las consecuencias disciplinarias. Cuando el reglamento las exige, se aplican. Lo restaurativo se añade, no reemplaza.
  • No sirve para todo. En situaciones de acoso con desequilibrio de poder claro, sentar a víctima y agresor frente a frente puede hacer daño. Ahí se trabaja por separado y con protocolo.

Las cinco preguntas restaurativas

Es la herramienta básica. Se hacen en este orden, primero a quien causó el daño y después a quien lo sufrió. Imprímelas y tenlas a mano; con el tiempo las harás de memoria.

A quien causó el daño

  • ¿Qué ha pasado?
  • ¿Qué pensabas en ese momento?
  • ¿Qué has pensado desde entonces?
  • ¿A quién ha afectado lo que hiciste y cómo?
  • ¿Qué crees que hace falta para arreglarlo?

A quien lo sufrió

  • ¿Qué ha pasado?
  • ¿Qué pensaste cuando te diste cuenta?
  • ¿Cómo te ha afectado a ti y a otros?
  • ¿Qué ha sido lo más difícil?
  • ¿Qué necesitas para que esto quede arreglado?

Fíjate en lo que no hay: ningún "¿por qué lo hiciste?". Esa pregunta produce justificaciones. "¿Qué pensabas?" produce relato, y el relato es lo que permite que el otro entienda.

Tres niveles de práctica

1. La conversación restaurativa (dos minutos, en el pasillo)

Para incidentes pequeños: un empujón, un insulto, un material cogido sin permiso. Las cinco preguntas, de pie, sin sentarse, y un acuerdo de reparación inmediato. La mayoría de los conflictos de un día normal se resuelven aquí, y resolverlos aquí evita que lleguen a jefatura. El artículo sobre el docente como mediador desarrolla cómo guiar esa conversación.

2. El círculo de reparación (veinte minutos, en un espacio tranquilo)

Para daños con más recorrido: una exclusión repetida, un rumor, un material roto de valor. Participan los directamente implicados y, si procede, uno o dos compañeros afectados. Un adulto facilita con las cinco preguntas, cada uno habla por turno, se acuerda una reparación concreta y se fija una fecha para comprobar que se ha hecho.

El guion mínimo del círculo:

  • Apertura: quiénes estamos y para qué. Las normas: hablamos por turno y con respeto.
  • Relato: cada uno responde a "¿qué ha pasado?" sin interrupciones.
  • Impacto: cada uno explica cómo le ha afectado.
  • Necesidades: qué hace falta para arreglarlo.
  • Acuerdo: qué, quién, cuándo. Se escribe y se firma.
  • Cierre: una frase de cada uno sobre cómo sale del círculo.

3. El círculo de clase (proactivo, sin conflicto)

Es la versión preventiva: el grupo se reúne en círculo para construir relaciones antes de que haya nada que reparar. Es lo mismo que los círculos de diálogo y que la asamblea emocional: cuanto más practica un grupo el círculo cuando todo va bien, mejor funciona cuando algo va mal.

Qué es una reparación de verdad

El punto débil de muchas experiencias restaurativas es una reparación vacía: "pedir perdón" y ya. Una reparación útil cumple tres condiciones: es concreta, la propone o acepta quien causó el daño, y tiene relación con lo que pasó. Algunos ejemplos que funcionan:

  • Quien rompió un trabajo ayuda a rehacerlo.
  • Quien excluyó a un compañero del juego se encarga de organizar los equipos de forma justa durante una semana.
  • Quien difundió un rumor lo desmiente ante las mismas personas ante las que lo difundió.
  • Quien ensució un espacio lo limpia y explica al grupo qué ha aprendido.

La disculpa puede formar parte, pero nunca es la reparación entera.

Cómo introducirlo en el centro

  • Empieza por un nivel o un equipo docente, no por todo el centro. Un curso completo que trabaja así durante un año es el mejor argumento para extenderlo.
  • Forma en las cinco preguntas a todo el que atiende conflictos, incluido el personal de patio y comedor. Son quienes más incidentes pequeños ven.
  • Escríbelo en el plan de convivencia como vía preferente para faltas leves, indicando cuándo se combina con medidas disciplinarias. La guía para crear un plan de convivencia efectivo explica dónde encaja.
  • Registra los acuerdos y las comprobaciones. Sin seguimiento, el acuerdo se olvida y el enfoque pierde credibilidad.
  • Mide. Número de partes, reincidencia, cómo dicen sentirse los alumnos en el grupo. Un centro que lleva datos de clima de aula ve el efecto en un trimestre.

Errores comunes

  • Forzar el encuentro. Si quien sufrió el daño no quiere sentarse, no se le sienta. Se trabaja con cada parte por separado.
  • Hacerlo en caliente. Un círculo cinco minutos después de una pelea rara vez funciona. Primero calma, después restauración.
  • Saltar a la solución. Si el adulto propone la reparación, deja de ser restaurativa. Las preguntas están para que la propongan ellos.
  • Confundirlo con terapia. El círculo repara un daño concreto; no resuelve la historia de cada alumno.

Lo que cambia con el tiempo

Un centro que trabaja de forma restaurativa durante un par de cursos nota que los alumnos empiezan a usar las preguntas entre ellos sin que nadie se lo pida, que los partes bajan y que las familias, que al principio desconfían de que "no haya castigo", acaban pidiendo que se use con sus hijos. No es rápido ni fácil, pero es de las pocas cosas en convivencia que cambian la cultura de un centro y no solo su estadística.

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